La conducción es un acto social, no una competencia. Convertirse en un conductor ejemplar no requiere habilidades extraordinarias, sino un compromiso ético con los demás. Estos son los pilares de quien domina el asfalto con responsabilidad:
- Uso sistemático de direccionales: El conductor ejemplar «habla» con los demás. Avisar un giro o cambio de carril con antelación evita el 40% de las colisiones laterales.
- Respeto a la distancia de seguridad: No «pegarse» al vehículo de adelante garantiza el tiempo de reacción necesario ante una frenada de emergencia.
- Prioridad absoluta al peatón: Entender que el más vulnerable siempre tiene la preferencia, especialmente en pasos de cebra y zonas escolares.
- Cero distracciones tecnológicas: Un conductor de élite sabe que un mensaje de texto puede esperar; la vida, no.
- Dominio emocional: No reacciona ante provocaciones. La inteligencia emocional al volante es tan importante como saber frenar.


