La agresividad al conducir produce un efecto dominó: frenazos bruscos, bloqueos de intersecciones y una tensión constante que nubla el juicio. La cortesía, lejos de ser una debilidad, es una herramienta de fluidez vehicular.
El impacto de un gesto amable:
- Ceder el paso: Permitir que un vehículo se incorpore al carril evita «cuellos de botella» y reduce la agresividad del otro conductor.
- No bloquear la intersección: Aunque el semáforo esté en verde, si no hay espacio adelante, no avances. Mantener el cruce despejado permite que el tráfico transversal fluya, evitando el caos total.
- Agradecer: Un simple gesto con la mano humaniza el entorno de metal y asfalto, reduciendo los niveles de cortisol (la hormona del estrés) en todos los involucrados.


